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Carolina Jacky es la abogada trans
Carolina Jacky podría ser la primera jueza federal de la historia
by MDZ Sociedad
Carolina Jacky es la abogada trans que podría llegar a convertirse en jueza federal y, de lograrlo, con excepción de la estadounidense Victoria Kolakowski, su caso sería único en la historia.
El 17 de agosto del año pasado rindió el examen escrito para concursar por un cargo en la Cámara Federal de Apelaciones de Mendoza. Ahora, espera los resultados para pasar al oral. Mientras, continúa trabajando en el estudio que fundó hace 36 años. La posibilidad de ser camarista le llega después de décadas de patear Tribunales y sacar adelante –con una celeridad inédita– las causas de las primeras travestis de su provincia que consiguieron la autorización para reasignación sexual y la rectificación del DNI, mucho antes de que fuera posible fantasear con algo parecido a la Ley de Identidad de Género.
Jacky probó con una estrategia alternativa, una vía regia por la que eludió el embotellamiento de los amparos. Así ayudó a su amiga Adriana Mascheroni Garzón, que hoy trabaja con ella en Carolina Jacky & Asociados, cuyo caso sentó precedente:
“Ella llevaba en Buenos Aires tres años con el bendito amparo, yendo y viniendo del Cuerpo Médico Forense. Iba a estar toda la vida. Entonces, le prepuse hacerlo en Mendoza. Hice una información sumaria pidiendo la cirugía y el DNI, que es un trámite similar al que hacés cuando, por ejemplo, necesitás autorización para salir del país con un menor.
En tres meses tuvimos la sentencia”. La bola corrió y chicas y chicos trans de todos los puntos del país le empezaron a golpear la puerta; y a todos los casos Jacky, que por ese entonces vestía traje y corbata, los resolvió con éxito.
Hace cinco años que Carolina vive con Adriana –amiga, compañera de trabajo, ex representada y leading case– y el marido de ésta en una suerte de ménage en un casa de Mendoza capital. Pero “que no haya confusión, no somos un trío, sino una familia ‘muy normal’. Ella, que me bancó en todas, es como mi hermana. Y para Ricardo, bueno, soy como una suegra”.
En esta etapa de la hormonización, Jacky está radiante, cuenta que nunca se sintió más segura y se le nota en el tono que le da a cada remate y en cada chiste autoparódico. Charla sobre historia y derecho en tono de entrecasa, y entre frase y frase hay un sorbo de mate.
En estos siete años que lleva profundizando su transformación, no ha querido dar notas para que su historia no traspasara las frontera de Mendoza. “No quería hablar de cosas que también tienen que ver con mi familia. Recién ahora estoy aceptando hacerlo público, justamente, porque di un paso a algo que es de interés público.”
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Carolina Jacky es la abogada trans que podría llegar a convertirse en jueza federal y, de lograrlo, con excepción de la estadounidense Victoria Kolakowski, su caso sería único en la historia.
El 17 de agosto del año pasado rindió el examen escrito para concursar por un cargo en la Cámara Federal de Apelaciones de Mendoza. Ahora, espera los resultados para pasar al oral. Mientras, continúa trabajando en el estudio que fundó hace 36 años. La posibilidad de ser camarista le llega después de décadas de patear Tribunales y sacar adelante –con una celeridad inédita– las causas de las primeras travestis de su provincia que consiguieron la autorización para reasignación sexual y la rectificación del DNI, mucho antes de que fuera posible fantasear con algo parecido a la Ley de Identidad de Género.
Jacky probó con una estrategia alternativa, una vía regia por la que eludió el embotellamiento de los amparos. Así ayudó a su amiga Adriana Mascheroni Garzón, que hoy trabaja con ella en Carolina Jacky & Asociados, cuyo caso sentó precedente:
“Ella llevaba en Buenos Aires tres años con el bendito amparo, yendo y viniendo del Cuerpo Médico Forense. Iba a estar toda la vida. Entonces, le prepuse hacerlo en Mendoza. Hice una información sumaria pidiendo la cirugía y el DNI, que es un trámite similar al que hacés cuando, por ejemplo, necesitás autorización para salir del país con un menor.
En tres meses tuvimos la sentencia”. La bola corrió y chicas y chicos trans de todos los puntos del país le empezaron a golpear la puerta; y a todos los casos Jacky, que por ese entonces vestía traje y corbata, los resolvió con éxito.
Hace cinco años que Carolina vive con Adriana –amiga, compañera de trabajo, ex representada y leading case– y el marido de ésta en una suerte de ménage en un casa de Mendoza capital. Pero “que no haya confusión, no somos un trío, sino una familia ‘muy normal’. Ella, que me bancó en todas, es como mi hermana. Y para Ricardo, bueno, soy como una suegra”.
En esta etapa de la hormonización, Jacky está radiante, cuenta que nunca se sintió más segura y se le nota en el tono que le da a cada remate y en cada chiste autoparódico. Charla sobre historia y derecho en tono de entrecasa, y entre frase y frase hay un sorbo de mate.
En estos siete años que lleva profundizando su transformación, no ha querido dar notas para que su historia no traspasara las frontera de Mendoza. “No quería hablar de cosas que también tienen que ver con mi familia. Recién ahora estoy aceptando hacerlo público, justamente, porque di un paso a algo que es de interés público.”
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